lunes, 7 de diciembre de 2015

¿Por qué le tengo miedo a las alturas?

Un estudio publicado en la revista Psychological Science, afirma que la locomoción es la clave del miedo a las alturas.

Cuando un bebé aprende a gatear, si se encuentra en una superficie alta y cae; eso no impedirá que lo vuelva a intentar.
Ello es un indicativo de que en sus primeros meses, no le teme a las alturas.

Pero conforme va pasando el tiempo, comienza a tener más cautela. Lo que genera la pregunta: ¿por qué?

Varios psicólogos realizaron un ejercicio, que consistía en colocar bebés que aún no gateaban en pequeños go-karts. Estos a su vez, eran controlados vía remota por otros integrantes del equipo.

Después de 3 semanas, pusieron a estos bebés al borde de lugares de aproximadamente un metro de altura.
Al estar ahí, su corazón se aceleraba y reflejaban cierta ansiedad.

Se hizo lo mismo con otros bebés que no fueron subidos a los go-karts, y sus latidos no presentaron ningún cambio.

En otra prueba, se introdujo a los bebés en una habitación en la que las paredes y el techo se movían. El fin era recrear la sensación de ir hacia adelante.
Aquellos bebés que estuvieron en los go-karts retrocedían; y los otros, se movieron menos.

Siguiendo con el experimento, algunos bebés que ya gateaban entraron a la habitación. Después los colocaron al borde de una mesa de cristal, donde del otro lado se encontraban sus madres.

Los bebés que habían reaccionado al entrar en la habitación, tuvieron dificultad para moverse en la mesa y llegar al otro lado.

Con base en esta investigación, se determinó como aspecto fundamental del temor a las alturas a la Propiocepciónque es la percepción visual del movimiento propio.

La visión periférica influye en el desarrollo de la Acrofobia.
"Esto sugiere que el acto de impulsarse le enseña al cerebro a estar atento a lo que hay en su campo de visión periférica para ajustar su equilibrio". Fueron las palabras del psicólogo Joseph Campos.

Con esto se podría explicar, por qué cuando vemos a través de la ventana de un avión, no sentimos vértigo. Ya que nuestra visión periférica es la misma la mayoría del tiempo.
Pero si subiéramos a un helicóptero, tendríamos esa sensación. Pues ahí hay mucho más movimiento.

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